
Este libro es un ameno ensayo sobre la bibliofilia y el mundo del libro antiguo en general, entendiendo aquella como la afición por los libros raros o antiguos.
Empieza indicando que el coleccionismo de libros es tan bueno o malo como cualquier otro tipo, responde como todos a una carencia de afecto, desequilibrio psíquico o insatisfacción vital, puede incluso llegar a ser adictivo y se da de forma innata en el ser humano. Se dan tantos tipos de bibliofilia como temas, épocas, lugares, lenguas o partes de un libro hay.
Se enseña a conocer la procedencia e historia de un ejemplar a través de los exlibris, dedicatorias y exdonos, además de tener muy en cuenta el papel, anotaciones, encuadernaciones e incluso manchas y restos orgánicos que el autor llama “heridas de guerra”. Estos no se deben borrar nunca porque forman parte del libro, aumentan su valor y son testimonio de la historia del ejemplar (ya que el libro no puede hablar, como dice el autor) así como las anotaciones, subrayados y tachaduras que a veces pueden haber causado daños irreparables en el ejemplar.
A la hora de estudiar un ejemplar no se debe olvidar la posible falsificación de la fecha, por lo que hay que tener muy en cuenta los preliminares de la obra para su estudio y análisis, además del colofón, utilizar el método de Proctor en la letreria, marcas de impresor y de librero.
Sorprende la importancia que en un libro puede tener la falta de 3 milímetros de margen e incluso una mala restauración. Esta debe hacerse por un profesional en la materia y siempre que el libro lo necesite.
El autor explica términos relacionados con los libros antiguos, explica su importancia dentro del valor general de obra por lo que su interés didáctico es innegable. Se repasa la historia del libro y de la encuadernación brevemente, enseña que el valor de un libro esta en el número de ejemplares de la tirada, ediciones, ilustración, autor, letreria, obra, prólogo, estado, belleza... es interesante en este sentido que explique la diferencia entre edición, emisión y estado. La inclusión de la portada obedece a factores comerciales.
Los libros de una determinada época pueden tener más valor que los de otras, sin ser el más antiguo el de más valor, también ocurre lo mismo por lugares, autores, rareza...
Los libros pueden ser raros por distintas razones, en América se imprimieron pocos incunables, mal uso, clima, guerras entre otras. A la hora de valorar un libro no hay que hacerlo sólo por la antigüedad que tenga, también hay que apreciar el tema, la lengua, calidad, ilustraciones, rareza, edición, encuadernaciones, letreria o conservación.
El autor da consejos a la hora de comprar libros, la selección, las subastas y los libreros. Identificar en un catálogo los defectos, libros sobrevalorados y viceversa, posibles engaños y eufemismos en los catálogos de libreros y subastas, por lo que siempre hay que examinar el ejemplar antes de comprarlo, también da recomendaciones para la conservación entre ellos: colocar los libros por tamaños, temperatura, iluminación, etcétera. Se deben utilizar distintas herramientas como el catálogo de Palau o el de Vindel. Recomienda el uso de las nuevas tecnologías para conseguir un buen libro en subastas.
Se hace un interesante repaso a los bibliófilos españoles más relevantes, Miquel y Planas, Quevedo entre otros; aparte de los “biliopiratas” que son bibliófilos pero han robado libros para formar su colección.
Da prácticos consejos de varios autores (Harold Klett) y que más o menos vienen a resumir la practica totalidad de la obra, se refieren sobre todo a la compra, conservación y catalogación para su difusión. Al final se da una muy interesante y útil bibliografía sobre el tema y se citan los libros que se han dado como ejemplo.
COMENTARIO
Debo empezar diciendo que a pesar del tema y de la extensión del libro no resulta en ningún momento difícil ni pesado de leer, resulta interesante y creo que invita a profundizar en algunos temas relacionados. La cubierta es muy significativa y expresiva del tema que después va a desarrollar el autor.
Sobre todo un libro como este es fundamental en personas que teniendo cierto acercamiento a los libros no tengan ni las más mínimas nociones básicas de fondo antiguo, porque por su carácter ameno y también por las frecuentas anécdotas intercaladas resulta hasta divertido de leer, a la vez que instruye y logra interesare por el tema o atraer al mundo de los libros antiguos. No al coleccionismo, a pesar de que el autor lo presenta como lo más fácil del mundo, estoy segura de que nos ha ahorrado todos los inconvenientes que tiene ser un bibliófilo, no ha puesto ninguno.
Me ha resultado muy útil para entender los conceptos que para todo pusiera ejemplos con ilustraciones en color y de gran tamaño.
A pesar de todo, no entiendo como alguien que supuestamente ame los libros no los lea, el autor defiende esto alegando que hay otras sensaciones que aporta un libro y la satisfacción de protegerle, pero la esencia de un libro esta en su contenido sino la esencia si su razón de ser, los adornos, ilustraciones, papal, letreria y demás elementos se dan porque hay algo que se va a leer, para eso se crea, de otra forma no cumple la razón para la que fue creado y es triste tener un libro de adorno.
La pequeña sección que dedica a criticar a los religiosos es un tanto ilógica, desde luego es más lo que se debe a la Iglesia Católica que lo que se les puede echar en cara, además no ha sido la peor la Iglesia de Roma, ni la única. La Inquisición queda muy lejana y después de todo no tocaron los libros que quedaron en el Escorial, las desamortizaciones vaciaron de documentos y obras de artes las instituciones religiosas, que hoy forman parte del Patrimonio, quizá en otras manos, como se ha comprobado, no se hubieran conservado. A parte de que en parte gracias a ella de vez en cuando se encuentran libros únicos y espectaculares hallazgos lo que para el autor es un “placer”.
Debo indicar que a veces hubiera venido bien que explicara con notas a pie de página o similares ciertos términos demasiado específicos para ser entendidos por cualquier persona, así “filigranas” (página 76) o pliegos de cordel (página 84), aunque por lo general si lo hace, y son contadas las ocasiones en que hay que acudir a un manual especializado.
No entiendo la diferencia que hace entre libro raro y curioso, porque ambos tienen en común que se pueden conservar escasisimamente, en su momento pudieron salir pocos ejemplares, tienen una lengua poco utilizada para imprimir, temas poco frecuentes...
El facsímil es importante en todos los sentidos, más que ninguna otra es que resta valor a la materialidad de un libro y da importancia a lo más importante de un libro, su contenido, así de ninguna forma se pierde. No quiero pensar que al autor no le gusten porque quizá restan valor a los originales. Sus ventajas quitan todo el valor a los inconvenientes, más gente puede tenerlo y leerlo por placer, es idéntico pero se pierde el miedo que genera un ejemplar único, los materiales de que están hechos garantizan una durabilidad mayor que el original, al facilitarse el acceso se hace más estudios, aparecen más aficionados con lo cual la demanda aumenta y es un circulo vicioso. No cabe las comparaciones con la comida o en otros términos porque son más prácticos en todos los sentidos, por eso debe fomentarse la creación de este tipo de materiales.
Tampoco entiendo como un libro en el que haya una errata puede valer más que otro en el que no aparezca, un libro más perfecto será aquel que más se parezca a la voluntad de sus creadores una imperfección debería restar valor, aunque la errata le haga único.
Personalmente veo que la bibliografía debería estar más clasificada hacer una clasificación de los catálogos, temas, lugares. Yo entiendo que los bibliófilos no lean los libros que compran, que prefieran erratas en los textos, pagar más por algo menos perfecto, no darle utilidad al libro en el fondo lo que ven es exclusividad poseer algo único, que nadie más tiene. Por eso Bill Gates compro los manuscritos de Leonardo da Vinci. Por eso la compra en subastas, dar una encuadernación más cara que lo que ha costado el libro, el comercio a veces tan absurdo con los precios desorbitados.